La sanción a Los Albos por permitir que una nena categoría 2021 jugara frente al Departamento Municipal de Freyre tuvo una fuerte repercusión. Pero conocido el caso y confirmado el motivo de la medida, aparece ahora una discusión quizás más importante: ¿tiene sentido que a los cinco años una nena no pueda jugar al fútbol con los varones?
La resolución de la Liga es clara. La medida fue adoptada por “la participación de una niña (Femenino)” y señala que está establecido que “solo pueden participar los niños (Masculino)”.
Es decir, según el documento conocido, la sanción responde a que una nena participó de un partido en una categoría reservada para varones.
No se menciona en la resolución ninguna conducta violenta, adulteración de edad, ventaja deportiva, perjuicio para otro equipo ni otra irregularidad como fundamento de la medida.
Y hay otro dato fundamental: la categoría 2021 no juega por puntos.
Por eso, una cosa es reconocer que existía una regla y que Los Albos decidió permitir igualmente la participación de la pequeña. Otra, muy diferente, es preguntarse si esa regla tiene sentido y, especialmente, si un mes de suspensión resulta proporcional frente a lo que efectivamente ocurrió.
¿Qué dice FIFA?
El fútbol mixto en edades tempranas no es una rareza.
A través de su programa Football for Schools, FIFA recomienda, cuando sea posible, actividades mixtas para niños y niñas de 4 a 7 años y de 8 a 11 años. Entre los 12 y 14 años contempla tanto actividades mixtas como separadas.
Además, FIFA considera que compartir estas experiencias contribuye a promover el respeto, la tolerancia y la igualdad de oportunidades para participar del fútbol.
La comparación resulta inevitable: la protagonista del caso tiene cinco años, justamente dentro de la primera franja de edad en la que FIFA impulsa actividades mixtas.
¿Hay motivos físicos para separarlos?
Las diferencias biológicas entre varones y mujeres existen, pero adquieren una importancia deportiva mucho mayor con la llegada de la pubertad.
La American Academy of Pediatrics señala que antes de esa etapa existen pocas diferencias entre niños y niñas en aspectos como fuerza, resistencia, altura y masa corporal, mientras que con el desarrollo puberal esas diferencias comienzan a ser relevantes para determinadas competencias.
Por eso, separar categorías masculinas y femeninas puede tener fundamentos deportivos legítimos en adolescentes y adultos, especialmente cuando están en juego la equidad competitiva o determinadas cuestiones de seguridad.
Pero trasladar automáticamente ese argumento a chicos de cinco años resulta mucho más difícil de justificar.
Otras ligas ya permiten que jueguen juntos
Tampoco hace falta mirar solamente al exterior. En Argentina existen organizaciones que contemplan reglamentariamente el fútbol mixto.
La Liga de Fútbol de General Villegas, por ejemplo, permite en su Reglamento de Inferiores 2026 la participación de niñas junto con varones en determinadas divisiones, incluso en edades considerablemente superiores a los cinco años.
Esto demuestra que no existe una única manera de organizar el fútbol infantil. Una liga puede modificar sus normas y establecer condiciones para que chicos y chicas compartan cancha.
Una regla puede existir y también puede discutirse
Los clubes deben respetar los reglamentos de las competencias en las que participan. Pero reconocer eso no significa considerar que cualquier norma sea necesariamente razonable para siempre.
Las reglas también pueden revisarse.
Y el caso de Los Albos quizás sea una oportunidad para hacerlo.
Porque, según la resolución conocida, el hecho sancionado fue permitir la participación de una nena en una categoría reservada para varones. La inclusión de la pequeña no produjo por sí misma un daño deportivo que aparezca señalado en el documento: tenía la edad correspondiente, participó de un encuentro de una categoría que no juega por puntos y compartió cancha con chicos de su edad.
Por eso, además de discutir el reglamento, aparece inevitablemente la cuestión de la proporcionalidad: un mes de suspensión para una institución por permitir que una nena de cinco años juegue al fútbol.
Quizás después de la repercusión del caso la discusión ya no debería centrarse en si Los Albos incumplió una norma. La norma existía.
La pregunta hacia adelante debería ser otra:
¿Tiene sentido que esa norma siga existiendo?
Porque si organismos internacionales promueven el fútbol mixto a esa edad, si no aparece una necesidad deportiva general de separar a chicos y chicas de cinco años y si su participación no alteró siquiera una competencia por puntos, tal vez haya llegado el momento de revisar el criterio.
El problema difícilmente sea que una nena de cinco años quiera jugar al fútbol. El desafío debería ser encontrar la manera de que pueda hacerlo.