Se trata de CADAF, firma con base en barrio La Milka, ubicada a la vera del ferrocarril Belgrano, y que en los últimos años ha experimentado un importante crecimiento con ampliación de su infraestructura y capacidad operativa. La empresa comercializa su producción en mercados como Emiratos Árabes, Omán, Qatar y Arabia Saudita.
Debido a la tensión en zonas clave como el estrecho de Ormuz, la operatoria habitual se volvió riesgosa y más costosa. Según explicó su titular, la empresa atravesó un parate de aproximadamente un mes sin poder exportar, hasta encontrar una alternativa viable.
La nueva estrategia consiste en evitar el paso por el Golfo Pérsico: ahora la carga se descarga en puertos del Mar Arábigo y desde allí se traslada por vía terrestre hasta destino. Este cambio implica mayores costos logísticos y un incremento significativo en los seguros marítimos, que se dispararon ante el riesgo de navegar por zonas conflictivas.
En cuanto a los tiempos, las entregas pueden demorarse unos diez días más de lo habitual. Sin embargo, destacaron que no hubo pérdida de clientes, ya que el comercio de este tipo de productos se maneja con planificación anual y los compradores cuentan con stock de respaldo.
Pese al contexto internacional adverso, la firma mantiene sus proyecciones de crecimiento. Actualmente exporta alrededor de 50.000 toneladas anuales y apunta a incrementar ese volumen en los próximos años.
El caso refleja cómo conflictos globales pueden impactar directamente en economías regionales, obligando a las empresas a adaptarse rápidamente para sostener su actividad.