El crecimiento de los autos eléctricos empieza a plantear un nuevo problema en San Francisco: aumenta la demanda de los cargadores públicos mientras la infraestructura disponible continúa siendo limitada.
El principal punto de referencia se encuentra en EPEC, sobre avenida del Libertador Norte, donde actualmente los usuarios pueden cargar sus vehículos de manera gratuita. Allí funcionan tres puntos de carga rápida y uno de menor velocidad.
La gratuidad y la rapidez generan un fuerte incentivo para los propietarios locales. Un auto eléctrico también puede cargarse en una vivienda y a un costo considerablemente menor que en una estación comercial. La contrapartida es el tiempo: mediante una conexión domiciliaria convencional, completar una batería puede demandar entre 10 y 20 horas, dependiendo del vehículo y de la potencia disponible. También puede instalarse un cargador domiciliario más potente, aunque requiere una inversión inicial.
En EPEC, en cambio, el usuario accede a una carga mucho más rápida y, actualmente, sin costo.
El beneficio económico puede ser importante. Como referencia, en redes comerciales argentinas una carga de entre 40 y 60 kWh puede representar aproximadamente entre $28.000 y $42.000. En un domicilio, utilizando la tarifa eléctrica residencial, cargar esa misma cantidad de energía puede costar varias veces menos, aunque el proceso puede ser considerablemente más lento con una conexión convencional.
El problema aparece porque los vecinos comparten la misma infraestructura con quienes llegan a San Francisco durante un viaje y necesitan recuperar autonomía para continuar por la ruta.
Usuarios del lugar señalan además que algunos vehículos permanecen conectados aun después de completar la carga. Cuando el propietario no regresa a retirarlo, el puesto continúa ocupado y otro automóvil no puede utilizarlo. Estas situaciones ya habrían generado discusiones entre usuarios.
El fenómeno abre un interrogante sobre cómo administrar un servicio cuya demanda crece. En otras redes existen cargos adicionales para quienes permanecen conectados una vez finalizada la carga. También podrían establecerse límites de tiempo o ampliarse los puestos disponibles.
San Francisco presenta además una particularidad: en su Parque Industrial existe otro punto de carga y funciona una empresa local dedicada a fabricar este tipo de equipamiento.
La discusión, entonces, no pasa solamente por instalar más cargadores. También será necesario determinar si la gratuidad, la cantidad disponible y las actuales reglas de utilización siguen siendo adecuadas ante el crecimiento de los autos eléctricos.